Teoría de los parques tecnológicos. Del taller artesanal al parque científico –tecnológico

Teoría de los parques tecnológicos. Del taller artesanal al parque científico –tecnológico.

Autor: Rafael Eloy Montero Gosálbez

Abogado, MBA, PMP.
Publicado en el nº 111 de la Revista del Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Industriales de Alicante (COITIA), pg. 34-45. ISSN 1696-9200.

http://issuu.com/coitialicante/docs/revista_111_coitia

INTRODUCCIÓN

De la misma manera que todas las formas de asentamiento industrial fueron innovaciones en sí mismas en su momento, así, los Parques Científicos y Tecnológicos (PCYT) no sólo son espacios desde los que impulsar un proceso de innovación tecnológica, sino que, en sí mismos, también son una innovación. Lo son desde el punto de vista tecnológico, por la incorporación de nuevas infraestructuras y dotaciones enfocadas en la investigación, pero también desde un enfoque no tecnológico, pues suponen la implantación de nuevas técnicas y estructuras sociales, de nuevas formas de pensar, actuar y comunicarse. Este artículo repasa la evolución de las formas de asentamiento industrial desde la Primera Revolución Industrial hasta hoy, para centrarse después en la figura de los Parques Científicos y Tecnológicos.

1.1. LA FACTORÍA

Con la llegada de la Primera Revolución Industrial, el proceso de innovación que supera la institución gremial y produce una progresiva reducción del peso de la artesanía como modo de producción se centró en dos tipos de ciudades, en las grandes metrópolis existentes, principalmente Londres, pero también Berlín o París y en ciudades en el borde del área de influencia de éstas, como Manchester, y que fueron “quintaesencia del laissez-faire” (Castells y Halls, 1994, pg. 209).

Esta situación dio como resultado diversidad de planteamientos teóricos y prácticos en lo referente al modelo de implantación de las actividades industrializadas, incluyendo desde prosaicas factorías a experimentos sociales como la aldea de New Lannark o la ciudad de Saltaire, e incluso planteamientos teóricos revolucionarios como el Falansterio de Fourier (Frampton, 1993).

Es un hecho que cambió el modo de entender la implantación de las actividades productivas. En palabras de Joel Mokyr:

“El hecho estilizado es que la Revolución Industrial de 1760-1830 fue testigo del “surgimiento de la factoría”. Como todos los “hechos” históricos de su clase, es sólo una aproximación. En realidad, había numerosos precedentes de grandes empresas y personas que trabajando en grandes plantas, incluso antes de la Revolución Industrial clásica”.

Aun existiendo precedentes, como sostuvo Max Weber (citado por Mokyr, 2001):

“Las consecuencias que acompañaron la introducción de la moderna factoría son de un extraordinario alcance… El taller industrial significaba emplear al trabajador en un lugar que estaba separado tanto de la vivienda del consumidor y de la suya propia”.

A lo que añade la indicación de que la existencia conjunta de disciplina de trabajo, especialización técnica, coordinación y fuerza de trabajo mecánica, junto con la propiedad de los medios de producción y materias primas en una sola mano, fue algo raramente visto hasta la llegada de la Revolución Industrial.

Mokyr (2001) distingue dentro de estas factorías dos tipologías diferentes:

1. La primera, las “manufactories”, una concentración de artesanos bajo un mismo techo, manteniendo su forma de trabajo, solo que lejos de su domicilio, forma que paulatinamente perdió peso.
2. La segunda, denominada “mills”, combinaba mayores cambios en las técnicas de producción y grandes inversiones en inmovilizado material, con fuerte supervisión y disciplina, formula que anticipaba ya la futura división fordiana (López Groh, F, 2011).

En cuanto a la aparición de las factorías pueden diferenciarse como causas (Mokyr, 2001) el aprovechamiento de cuatro circunstancias:

1. Las economías de escala, reforzadas posteriormente por la mecanización.
2. La voluntad de control de la producción, la calidad, la estandarización y la productividad.
3. El control de la fuerza de trabajo.
4. La división del conocimiento y la especialización.

1.2. EL POLÍGONO INDUSTRIAL

El paso de la factoría al polígono industrial comienza a finales del siglo XIX, cuando, se abandonan progresivamente las localizaciones aisladas geográficamente, las milltowns y las industrias insertadas en las tramas urbanas (López Groh, F, 2011), coincidiendo con la Segunda Revolución Industrial.

Peter Scott (citado por López Groh, F, 2011), distingue 4 tipologías de polígonos industriales:

1. Los polígonos portuarios, situados en los muelles (Dock estate), usualmente de varios kilómetros cuadrados y destinados a industria pesada. Dentro de esta clase entra Trafford Park, el primer polígono desarrollado en Inglaterra.
2. Los polígonos autónomos (Large fre-standing estate), también de gran tamaño, centrados en industria ligera y apoyados en vías ferroviarias y de transporte por carretera.
3. Los polígonos-factoría (Factory Estate), de menor tamaño (sobre 500.000 m2), que se implantaron fundamentalmente a partir de los años 30, apoyados en la existencia de servicios públicos y ocasionalmente integrados con desarrollos residenciales.
4. Los polígonos de ciudad-jardín (Garden City estate), integrados en la ciudad jardín desarrollada a partir de las ideas de Ebenezer Howard.

Categorías a las que se puede añadir una quinta, el “polo industrial” de Perroux, en el que una única industria –superando el aislamiento de la factoría- impulsaba el desarrollo local, favoreciendo la aparición de industrias auxiliares y el crecimiento del sector servicios y la renta regional (Ondategui 2001).

Con el nacimiento en Europa de la especialización urbana (zoning), que inaugura la primacía del vehículo sobre la persona en los años 30 del siglo XX, el polígono se convierte en la respuesta a las necesidades de desarrollo urbano e industrial, dandose impulso a la salida de la ciudad de las actividades productivas mediante la construcción de infraestructuras viarias, convirtiéndose el polígono en un elemento clave de las políticas de desarrollo regional. Tras la Segunda Guerra Mundial los polígonos aumentan todavía más su importancia como mecanismo de desarrollo de territorial (López Groh, 2011), alcanzando su mayor desarrollo en los años sesenta del siglo XX.

En España (López Groh, 2011) esta figura llegó con retraso, como sucede con casi todo, y la implantación de los primero polígonos industriales por la Gerencia de Urbanización (hoy Sepes) no se produce hasta la segunda mitad de los años cincuenta, generalizándose con los Planes de Desarrollo de López Rodó (López Gª de Leániz, 2004) y reproduciendo siempre el modelo internacional con sus dos características principales:

a) El fomento de la actividad económica y el empleo, utilizando el polígono como figura de desarrollo territorial, creando suelo a precios asequibles, mediante la imputación a los proyectos de subvenciones públicas.
b) La política urbanística basada en la zonificación.

Para Scott (citado por López Groh, 2011), el éxito de esta figura se basa en:

a) La modernización tecnológica de la industria, con la aplicación de las técnicas de producción basadas en el Fordismo-Taylorismo, el desarrollo de las las fuentes de energía y la movilidad que la electricidad permitió a la industria.
b) La oportunidad de ampliación del mercado de trabajo no cualificado a entornos no industrializados y sin presencia sindical.
c) Un mercado inmobiliario industrial caracterizado por la existencia de infraestructuras desarrolladas en el periodo de entreguerras, por la estandarización de los espacios productivos y los procesos constructivos, como consecuencia del Fordismo y las necesidades de producción en la Segunda Guerra Mundial, por el desarrollo del mercado del alquiler de espacios industriales, por el apoyo de los promotores de los polígonos a las pequeñas empresas y por las posibilidades de crecimiento que ofrecía una figura que establecía un desarrollo espacial ordenado.

Esta forma de implantación territorial de la industria sigue teniendo una fuerte presencia en todo el mundo, sin embargo –al menos en Occidente- se enfrenta a un proceso de obsolescencia, en el que se le plantean retos concretos:

• La sostenibilidad y la gestión ambiental en un escenario de obsolescencia de sus infraestructuras de servicios urbanos.
• La reversibilidad de la zonificación estricta para encaminarse hacia una mezcla de usos, tanto económicos (oficinas, comercio, entidades financieras) como dotacionales (centros deportivos, culturales, guarderías), incluso residenciales.
• El déficit de transporte público y la ausencia de servicios y actividades auxiliares.

El análisis de estos retos excede este artículo, pero se quiere hacer una escueta mención a la gestión medioambiental de estos entornos, que ha tomado el nombre Ecoindustrial Parks o EIP. La meta final de estos desarrollos es la consecución de un ecosistema industrial, basado en tres principios (Ruiz et al. 2009):

• La reducción de las necesidades y consumos energéticos.
• La utilización de residuos industriales como insumos en el proceso de producción.
• La implantación de un sistema industrial diversificado.

Dentro de estos principios, que pueden encajar tanto en un parque de usos industriales no tecnológicos como en entornos tecnológicos, encajan diversas tipologías de entre las que se pueden destacar (Popescu y Avramescu, 2008):

• Parques en los que se desarrollan relaciones simbióticas, como el de Kalundborg, en Dinamarca, paradigma de estos desarrollos.
• Parques especializados en actividades no contaminantes, servicios y productos medioambientales o sostenibles.
• Parques centrados en la reutilización y el reciclaje.
• Parques promovidos bajo un “tema” medioambiental.
• Parques con infraestructuras y construcciones sostenibles.

Es necesaria la conjunción de éstas tipologías y el enfoque en los principios citados, pero también la creación de redes empresariales e institucionales que promuevan intercambios entre las empresas, intercambios que son la fuente de la ventaja competitiva, pero que son muy difíciles de lograr dado que no sólo existen barreras políticas, sino técnicas, económicas, comunicacionales, e incluso organizacionales (Popescu et al., 2008).

1.3. EL PARQUE EMPRESARIAL

Diversos autores engloban en esta categoría tanto a los Ecoindustrial Parks como a los parques propiamente tecnológicos y las aglomeraciones de empresas de servicios y oficinas (Coupal; Rindasu), asimilando además los impactos territoriales, las causas de éxito y las demandas de los usuarios de unos y otros. Otros (Mérenne-Schoumaker, 1991), en función de la proporción de usos principales y su nexo con universidades e investigación, diferencian más categorías: industriales, comerciales, de negocios, de servicios, de oficinas, científico, o tecnológico, etc.

Peter Wyat (2011) identifica los Parques Empresariales con concentraciones de empresas del sector servicios que empiezan a darse a partir de los años ochenta del siglo XX y cuya aparición fuera de los núcleos urbanos agudiza, aún más, la dependencia de la población de los vehículos privados y el aumento de los costes de transporte.

Conforme lo anterior y a nuestros efectos, se encuadran en esta categoría los parques de actividades económicas, los comerciales, de negocios, de servicios y de oficinas, centrándose, así, en el sector terciario. Se asume una coincidencia parcial con los PCYT en su perfil urbanístico, en sus causas de éxito comercial y en las características buscadas por los usuarios potenciales: situación en la periferia de aglomeraciones urbanas, cercanía a autopistas, a aeropuertos, entorno verde y cuidado, calidad de la construcción, baja ocupación de suelo, imagen de éxito, servicios y equipamientos (Mérenne-Schoumaker, 1991). Tanto es así que los Parques Tecnológicos y Científicos que no logran atraer una verdadera clientela científica o tecnológica se encuadran en esta categoría (Ondategui, 2001).

La siguiente tabla expresa la evolución de los factores de localización de las instalaciones industriales y permite apreciar, en la fase 3, la coincidencia parcial de factores de localización entre la industria, el comercio y la innovación:

Tabla 1. EVOLUCIÓN DE LOS FACTORES DE LOCALIZACIÓN


1.4. LAS “TECNÓPOLIS”

Manuel Castells y Peter Hall (1994) estudiaron las diversas tipologías de concentración de actividades industriales tecnológicas y diferenciaron cinco tipos (complejos industriales de alta tecnología, ciudades de la ciencia, parques tecnológicos, programas de desarrollo regional y metrópolis industrializadas). Aunque la expresión de “Parque Científico y Tecnológico” se haya convertido en una denominación genérica, a efectos de un análisis científico y dada las diferencias entre una y otra categoría conviene estudiar sus características por separado:

1.2.1. Complejos industriales de alta tecnología en los que la I+D y los procesos fabriles conviven.

Castells y Hall (1994) analizan esta tipología mediante el análisis de dos experiencias estadounidenses, el Silicon Valley y la Carretera 128 de Boston. El punto de partida es muy diferente en ambos casos, en el primero se trata de una zona predominantemente agrícola y en el segundo de una de las zonas industriales por excelencia de los Estados Unidos, entrada en decadencia a finales de los años 40 del siglo XX.

Estos dos ejemplos tienen fundamentalmente dos cosas en común: un núcleo de conocimiento universitario alrededor y a partir del cual se forman (la Universidad de Stanford y el Massachusetts Institute of Technology, respectivamente) y el desarrollo de proyectos de investigación y apoyo financiero del Ministerio de Defensa de los Estados Unidos, que les da impulso al ritmo de los conflictos bélicos de la segunda mitad del siglo XX.

Como es conocido (Castells et al., 1994; Romera, 1992; Ondategui, 2001, 2002) el origen de Silicon Valley se encuentra en la iniciativa de Frederick Terman, Decano de Ingeniería y Vicepresidente de la Universidad de Stanford de alquilar a precios asequibles los terrenos de la Universidad a empresas tecnológicas, muchas de ellas fundadas por exalumnos, alguna incluso con préstamos personales del propio Terman. Tras las Segunda Guerra Mundial William Shockley fundó en Palo Alto la “Shockley Semiconductors Laboratory”, empresa de la cual surgió por escisión “Fairchild Semiconductors” iniciando una dinámica de progresión geométrica de escisiones empresariales que produjo la concentración de competitividad que caracteriza a Silicon Valley.

El segundo factor clave, tanto en Boston como en California, es el impulso a la investigación con fines bélicos (Castells et al., 1994; Ondategui, 2001, 2002) e incluso aeroespaciales desde la década de los 50, impulso del que Silicon Valley se liberó a principios de los años 80 del siglo XX, y que se mantuvo en Boston, creando allí una mayor dependencia de la política de defensa y una menor capacidad de adaptación del tejido empresarial.

Sin embargo, estas dos características –el núcleo universitario y el impulso bélico- no pueden dar una imagen global de esta tipología, por lo que, siguiendo a Castells y Halls (1994) y a Ondategui (2001) vamos a intentar una enumeración de sus características:

• Desarrollo entorno a Universidades.
• Impulso inicial de investigación con fines militares.
• Potentes redes sociales (informales, no institucionales) de información, que son el verdadero centro del proceso de innovación, siendo a un tiempo canales de información, sistemas de organización del mercado laboral y la base de la formación de la cultura empresarial local (Saxenian, citada por Castells et al., 1994).
• Aparición de empresas de capital riesgo. Boston era y es uno de los principales centros financieros de los EEUU, sin embargo en Silicon Valley, estas firmas surgen de la mano de ingenieros y ejecutivos de empresas tecnológicas que invierten en las siguientes generaciones (así sucedió con Apple, que nace gracias al apoyo económico de un antiguo ejecutivo de Intel a Jobs y Wozniak).
• Una cultura local competitiva, basada en:

  • El papel del trabajo como eje vital, pero no desde la perspectiva de la ética protestante del trabajo de Weber.
  • La valoración del trabajo como una oportunidad para innovar.
  • La cultura emprendedora y la perspectiva empresarial en todos los aspectos de la vida.
  • Una competencia agresiva, que lleva a “una lucha extrema por mantenerse en cabeza, que conduce a una relajación de los estándares morales en las relaciones profesionales” (Castells et al. 1994, pg.: 49).
  • Un individualismo absoluto en todos los ámbitos imaginables: el mercado inmobiliario, el sistema educativo, el ocio, la política, las relaciones personales y familiares, la infancia, las enfermedades mentales, etc.
  • Los modelos de referencia basados en el éxito económico.
  • El estrés y como consecuencia un acusado uso de drogas y alcohol.
  • El intento de combatir el estrés mediante el consumo compensatorio y la creación de subculturas corporativas, que crean lazos sociales y de pertenencia dentro de las empresas (actividades recreativas, horarios flexibles, semana comprimida, informalidad estética, etc. De todos es conocidos, por ejemplo, la política de Google al respecto).

Estas experiencias, y en concreto el Silicon Valley, pese a su inimitabilidad (Castells et al., 1994) son el germen de la planificación de Parques Tecnológicos, en un intento de recrear sus condiciones de innovación (Ondategui 2001).

1.2.2. Ciudades de la ciencia, complejos inmobiliarios aislados y dedicados a la investigación.

Esta tipología corresponde a complejos inmobiliarios gubernamentales, edificados en espacios aislados con el objetivo de crear una concentración de población enfocada totalmente en el desarrollo científico. Castells y Halls (1994), estudiaron casos en profundidad, en Siberia, Corea del Sur y Japón, de ciudades edificadas ex novo para acoger institutos de investigación y universidades y dar alojamiento a sus usuarios. De su estudio se pueden extraer importantes conclusiones:

• Su desarrollo tiende a estar asociados con gobiernos autoritarios.
• La norma general es la ausencia total de autonomía y su dependencia económica, organizacional e institucional de departamentos estatales. Parecen una ciudad, pero no lo son en absoluto.
• Se conciben como polos de descentralización, como intento de evitar la centralización de la investigación científica entorno a una metrópolis principal.
• Son espacios con baja densidad de población, segregados funcional y socialmente, de forma que se limitan las interacciones sociales.
• Generan hostilidad y rechazo en su entorno geográfico inmediato.
• Trasladar de manera forzosa entidades de investigación, extirpándolas de sus redes sociales originales dificulta las investigaciones.
• La creación de estos enclaves no eliminar la burocratización.
• Su aislamiento social, geográfico, de transportes y la falta de relaciones directas con la industria y los avances tecnológicos exteriores, son la causa de su disfuncionalidad, de hecho, son incapaces de generar interacción con la industria y crear desarrollo económico hasta que no se introducen modificaciones como:

  • Conectar las instalaciones con redes de comunicaciones estratégicas.
  • Ofrecer apoyos tanto a la innovación como a los empleados-residentes (incubadoras tecnológicas, laboratorios abiertos, networking, simposios, oficinas de transferencia tecnológica, centros de comunicaciones, gestión de patentes, etc., en la línea de servicios añadidos con que se dotan los PCYT).
  • Dar entrada a la iniciativa privada, tanto espacial, instalándose en el complejo, como operacional, permitiendo la “fertilización cruzada” universidad-empresa-institutos de investigación, la comunicación entre institutos de investigación, la creación de sinergias, la cooperación en proyectos público privados y la generación de spin-off.

• Una vez reajustadas, son capaces de tener un papel activo el desarrollo económico, por lo que a la hora de impulsar un proyecto de este tipo “la génesis resulta ser menos importante que la lógica de desarrollo subsiguiente” (Castells et al., 1994, pg. 104).
• La concentración de potencial humano es condición necesaria pero no suficiente para el éxito de asentamientos tecnológicos. El otro factor necesario es la creación de una cultura y una organización funcional, formal e informal, que permita que la investigación atraiga a la industria.

1.2.3. Los Parques Tecnológicos.

Los Parques Tecnológicos se han puesto de moda en nuestro entorno más cercano, donde algunos están comenzando, lentamente a tomar forma (Elche, Murcia, Fuente Álamo y Alicante). Su objetivo primordial, más prosaico que el del resto de “tecnópolis”, es concentrar geográficamente empresas de la industria tecnológica, con el fin de alcanzar una posición competitiva de la economía local, impulsar la reindustrialización, y desarrollar el mercado de trabajo de su entorno inmediato, atrayendo la inversión privada (Castells et al, 1994; Ondategui, 2002).

Los gobiernos (nacionales, regionales o locales) juegan un peso importante en su diseño, ejecución e impulso, promoviendo infraestructuras, instalaciones, telecomunicaciones, ofreciendo beneficios fiscales, desarrollando políticas de marketing e incluso diseñando espacios a la carta de empresas interesadas, que no siempre tendrán perfil tecnológico, ponderándose también su capacidad de creación de empleo y la inversión. Como indican Castells y Halls (1994: pg. 130):

“Es la competitividad industrial, más que la calidad científica, el objetivo que subyace en todo proyecto de parque tecnológico”.

Este esquema, alejado de las políticas estructurales, tiene usualmente su viabilidad descansado sobre la operación inmobiliaria de desarrollo, financiándose con la venta de los terrenos desarrollados, como sucede en Sofía-Antípolis (Castells et al. 1994), en la Riviera Francesa, o de forma más acusada aún en los parques estadounidenses (Ondategui, 2002), que se plantean desde viabilidad económica ajena a subvenciones, aunque luego su dependencia de los conglomerados de Defensa pueda ser muy acusada. Otra característica primordial de los parques estadounidenses es su enfoque en la creación de iniciativas económicas start-up o traslación de proyectos de investigación universitarios al ámbito mercantil (spin-off) (Ondategui, 2001). En España estos desarrollos dependen principalmente de subvenciones y de la iniciativa pública.

La figura ha sido definida tanto desde la óptica de la innovación como desde las características de la infraestructura. Recogemos aquí la definición dada por la Asociación Internacional de Parques Científicos (IASP) (recogida por Ondategui, 2001), que los considera iniciativas que:

“a) Tienen lazos formales y operativos con una o más universidades, centros de investigación u otras instituciones de educación superior.
b) Está diseñado para alentar la formación y el crecimiento de industrias basadas en el conocimiento y de otras organizaciones que normalmente se encuentran en el emplazamiento.
c) Posee una función directiva que se encuentra comprometida de forma activa con la transferencia de tecnología y técnicas empresariales a organizaciones arrendatarias”.

Lo primeros parques fueron concebidos por sus impulsores y por la influencia política desde una perspectiva territorial, midiendo el éxito más en metros cuadrados que en innovación. Sin embargo, dicha dinámica ya ha sido superada y sustituida por la calidad del espacio y la concentración de actividades complementarias y servicios, la cercanía e implicación de las universidades, la calidad de vida, el ocio, viviendas, empleo, y una presencia de masa crítica suficiente de investigadores, empresas ancla y cultura empresarial (Ondategui, 2002). La siguiente figura refleja la implicación de las universidades en los órganos de gestión de los parques a nivel internacional.
FIGURA 1. ¿TIENEN PODER DE DECISIÓN O DERECHO A VOTO LAS UNIVERSIDADES EN LOS PARQUES TECNOLÓGICOS?

Fuente: IASP web http://www.iasp.ws (datos de 2012)

En cuanto a su localización geográfica, los situados al margen de políticas de desarrollo regional tienen un principio de localización muy definido: los “entornos urbanos densos” (Ondategui, 2002, pg. 150), bien en entornos metropolitanos de tamaño medio o en la periferia inmediata de las grandes ciudades metropolitanas de escala mundial.

A nivel global, las actividades de estos medios se centran, en una escala mundial en semiconductores, software, nuevos materiales, hardware y bioquímica, con múltiples servicios e industrias auxiliares orbitando alrededor. Ondategui (2002) destaca la creciente importancia de dos nuevos tipos de actividades clave la biomedicina y las telecomunicaciones.

En Estados Unidos los parques concentran las empresas de alta tecnología en un entorno en el que ésas conviven con la universidad. No sólo son medios innovadores –financieramente rentables- sino que además se tiene muy presente su influencia en las dinámicas de desarrollo regional (Ondategui 2001). Pueden destacarse los parques de Mineápolis, Philadelfia, Seattle, Massachusetts, Tucson, Harvard, Columbia, North Carolina y un largo etcétera.

En Gran Bretaña, el desarrollo de los parque encuentra su motor en las Universidades (Ondategui 2002), si bien hay casos, excepcionales, en que el desarrollo de la instalación es totalmente independiente del impulso público, como Cambridge (Castells et al. 1994), cuyo desarrollo como centro tecnológico fue frenado mediante el planeamiento urbanístico para preservar el carácter universitario del entorno, hasta 1970, momento en el que su ocupación se acelera, sostenida en la demanda, el ambiente universitario y el apoyo de Barclays Bank.

En Francia, la primer experiencia fue el ZIRST, de Grenoble (López Gª de Leániz, 2004). Destaca el ejemplo Sofía-Antípolis, del que Perrin (citado por Castells y Halls) hace notar que tiene una estructura dual, por un lado es un entorno “de prestigio” para multinacionales y por el otro, un centro de incubación de Pymes, escenario que se reproduce ampliamente en otros PCYT, siendo el trabajo de organismos gestores conseguir la interacción de las grandes corporaciones y las Pymes entre sí y con las universidades y centros de investigación.

Hsin-Chu en Taiwan destaca por ser un mecanismo de recuperación de cerebros emigrados a los EEUU y porque las empresas instaladas en él de forma usual contratan a las universidades para que realicen investigación aplicada y en lugar de hacerlo con sus propios equipos, permiten a las universidades utilizar sus instalaciones privadas (Castells et al. 1994). La utilidad de los parques como mecanismo de retención o recuperación de talento emigrado –sobre la que debería reflexionarse en España- es una característica que está también presente en la India, donde comienzan a surgir parques como los Bangalore, Hyderabad y Chenai (Ondategui, 2001).

El modelo se ha extendido por todo el mundo. En África y Oriente Medio hay proyectos en marcha, con Irán a la cabeza en número de parques. También destaca por su repercusión mediática la nueva ciudad de Masdar en los Emiratos Árabes, que pretende ser la primera ciudad cero emisiones. En América Latina se inició su expansión con el Parque Tecnológico de la Universidad de Brasilia y se ha extendido su aplicación. En Oceanía y en Rusia el modelo se ha empezado a implantar casi tan tarde como en España (Ondategui, 2002). Turquía también está impulsando la figura, y por supuesto también, China.

Sea cual sea la fórmula, el diseño y quienes sean el impulsor y los colaboradores, el punto que conlleva mayor dificultad es la creación de sinergias entre las instituciones y las empresas presentes en los parques, para cuya existencia la proximidad física es condición necesaria pero no suficiente.

De los estudios de Castells y Halls (1994) pueden inferirse una serie de características y actitudes necesarias para que los parques tengan un futuro viable y un comportamiento creador de actividad económica:

• Es necesario fijar unos objetivos claros en el momento de la concepción.
• Son necesarios tres componentes: institutos de investigación y universidades, grandes empresas y PYMES.
• La relación con las universidades científicas debe ser muy estrecha, pero éstas no deben asumir el papel de comercializador o promotor.
• Se necesita de la existencia de una red de instituciones y entidades adicionales: empresas, entidades financieras, capital riesgo y apoyo político local.
• Es muy difícil empezar desde cero, en entornos sin industrialización previa ni cultura empresarial.
• Hay que conseguir una masa crítica de empresas con dinámica asociativa, que creen sinergias para sobre ellas construir la transferencia tecnológica y la movilidad del empleo.
• Es necesario tener paciencia. El resultado de estas experiencias sólo puede juzgarse realmente tras veinte o veinticinco años de su puesta en funcionamiento.
• Hay que buscar mecanismos que fomenten la fertilización cruzada.
• Hay que generar líneas de apoyo financiero a la innovación, a los que las empresas puedan acceder al menos mientras las empresas están siendo incubadas.
• Es necesaria una presencia importante del sector privado: si la mayoría de los entes asentados son instituciones públicas no se crearán sinergias, crecimiento o actividad económica relevante. La presencia de la empresa privada en la investigación la viabiliza y orienta a resultados.
• Es necesario establecer políticas de propiedad intelectual en las que los beneficios económicos sean compartidos entre las universidades y los investigadores, para fomentar la investigación.
• En cuanto a los servicios que ha de ofrecer el propio parque:

  • Marketing del parque, que se vende a sí mismo como un sitio en el que hay que estar.
  • Servicios básicos, administrativos y de apoyo.
  • Servicios financieros y servicios avanzados.
  • Servicios técnicos como viveros de empresa, incubadoras tecnológicas o laboratorios. 
  • Ocio, comercio, recreación, restauración, deporte y salud.
  • Espacios en alquiler: naves y oficinas.
  • Viviendas a precios asequibles en el entorno.
  • Incentivos fiscales de las entidades locales.
  • Espacios de restauración con calidad o carisma, donde tendrá lugar gran parte de los intercambios informales de información.
  • Mano de obra técnica formada en las universidades cercanas.

FIGURA 2. ¿TIENE SU PARQUE INCUBADORAS DE EMPRESAS Y PROGRAMAS DE INCUBACIÓN?

Fuente: IASP web http://www.iasp.ws (datos de 2011).

FIGURA 3. ¿CUÁN AMENUDO HAY EVENTOS SOCIALES O CULTURALES EN SU PARQUE O INCUBADORA?

Fuente: IASP web http://www.iasp.ws (datos de 2006).

Por su parte Ondategui (2001, 2002) destaca que la participación de empresas privadas en el diseño, ejecución y administración del parque, organizada mediante sociedades mixtas o fundaciones, es la clave para su viabilidad y garantía de una gestión empresarial. Esta presencia, sea de empresas industriales, tecnológicas o financieras asegura una gestión alejada de planteamientos políticos inviables y la presencia de órganos de dirección profesionales. Un ejemplo es el Zernike Science Park, gestionado por una sociedad participada por la Universidad de Groningen, bancos, aseguradoras y el Zernike Group. En este parque, el Zernike Seed Fund invierte en cada empresa que se instala, y la tutela durante los primeros años, con lo que se ha disminuido la cifra de mortalidad empresarial hasta un sorprendente 3%.

Se recogen a continuación las cifras de miembros de la IASP, casi 400 parques asociados, en 69 países, distribuidos de la siguiente forma:

Tabla 2. MIEMBRO DE LA IASP EN EL MUNDO. 2013.

A simple vista se puede observar que el peso de los países en la asociación poco tiene que ver con las capacidades innovadoras de sus economías. España, ocupa de lejos el primer puesto en representatividad -lo que tal vez tenga que ver con que la IASP tiene su sede en Málaga-, mientras que Japón, China –el segundo clasificado- o Estados Unidos apenas tienen representación en relación su capacidad de innovación tecnológica.

Se aprecia que los parques italianos tienen una representación que no alcanza la mitad de los existentes, y en lo que respecta a Alemania sólo está presente una ínfima parte de los cuarenta y cuatro existentes en 2004 (López Gª de Leániz, 2004).

Ante esta imagen, surgen preguntas como ¿la presencia en la IASP en qué medida refleja el número de parques existentes en cada país?, ¿los PCYT españoles son realmente PCYT?, ¿cuántos son aventuras políticas sin fundamento?, ¿hasta qué punto sirven para crear innovación?, ¿sirven a la innovación o a un desarrollo regional de corte provinciano?, ¿se están desperdiciando esfuerzos por la diseminación de estos espacios?

1.2.4. Los programas de desarrollo regional.

Siguiendo clasificación de Castells y Halls, analizamos también las estrategias de desarrollo tecnológico regional, para cuyo análisis estos autores se apoyaron en el “Programa Tecnópolis” de Japón, que consistió en el desarrollo de 26 parques científicos por toda la geografía japonesa, con el doble objetivo de impulsar al país a una posición de liderazgo mundial en innovación y de servir como mecanismo de desarrollo regional, para contrarrestar la fuerza centrípeta de Tokio y Osaka, donde se concentraban a principios de los años 80 la gran mayoría de la población y de los polos de innovación (Castells et al. 1994).

Como planteamiento de desarrollo regional, se alejaba de las soluciones ordinarias, centradas en la producción de infraestructuras “duras”, potenciando las “blandas” (personal cualificado, nuevas tecnologías, capital riesgo, telecomunicaciones), enlazadas con universidades, centros de investigación, parques industriales, oficinas, centros de congresos y la creación de nuevas ciudades residenciales. Todo ello debía crecer alrededor de una ciudad, una universidad y unas industrias preexistentes (Castells et al. 1994).

El resultado de esta política tan ambiciosa no obtuvo los resultados esperados en cuanto a innovación se refiere, ya que la gran mayoría de los parques, alejados de Tokio, no consiguieron sus objetivos. Sin embargo actuaron como punto de concentración de la actividad de sus respectivas regiones, recibiendo instalaciones secundarias de multinacionales, sin apenas I+D, que ha continuado concentrándose en la “Mega-Tecnópolis Tokio-Yokohama” (Castells et al. 1994).

Consolidado el programa de Tecnópolis, hoy cuenta en el mecanismo de diseño y mejora de los parques, no sólo la voluntad del gubernamental, sino también la participación ciudadana, que demanda mejoras en la calidad de vida y conciencia medioambiental (Ondategui, 2002).

1.2.5. Las metrópolis industrializadas.

Son diversos los autores (Castells et al, 1994, Ondategui, 2001, 2002) que identifican las metrópolis como los auténticos centros de la innovación, regiones policéntricas con fuertes presencias industriales y formativas, con masa crítica suficiente para que las interrelaciones que conducen a la innovación tengan lugar. Sin embargo, estas relaciones no tienen lugar de forma automática, sino que es necesario que sean incentivadas por el entorno físico, político-institucional y cultural.

Castells y Halls (1994) destacan la elasticidad de las metrópolis consolidadas, que han sabido adaptarse desde la Primera Revolución Industrial. En el proceso de adaptación a la nueva economía, llama la atención que tanto Londres como Paris hayan localizado sus potencialidades tecnológicas en zonas geográfica y socialmente muy prestigiosas, como el entorno del castillo de Windsor o el Palacio de Versalles, donde se concentran hoy día centros de investigación, escuelas técnicas y empresas tecnológicas.

Esta coincidencia de entornos de prestigio concuerda con la reflexión de Vegara y De las Rivas (2004) a cerca de la posibilidad de que, en España, los próximos entornos innovadores, “clústeres”, sean los centros urbanos históricos rehabilitados, lo que ya está teniendo lugar en ciudades como Bilbao, a cuyo alrededor toma forma la metrópolis vasca, una red que une las tres provincias y sus capitales.

Tokio, paradigma de la metrópolis tecnológica, aúna cuartro corrientes que la impulsan hacia la innovación: el desarrollo de políticas de I+D, la formación y la movilidad horizontal en el seno de las grandes corporaciones industriales, el fomento de la competencia entre los subcontratistas de las corporaciones y la coordinación del gobierno, que hace de la innovación una cuestión de Estado que se concierta con los conglomerados industriales y las entidades financieras (Castells et al. 1994).

Junto a los entornos que se han considerado tradicionalmente metrópolis, Castells y Halls (1994) situaron a nuevos actores emergentes en el escenario, como Múnich o California del Sur. Hoy día podemos sumar tal vez a Madrid, pero sin duda, a Singapur. Incluso podemos abrir el abanico de ciudades para considerar a todas las ciudades presentes en la carrera de los Smart Places o Territorios Inteligentes, que persiguen convertirse en un punto de atracción de la innovación mediante la participación, el liderazgo, sostenibilidad, la rehabilitación y la creación de entornos de prestigio, el desarrollo social y la integración en redes de ciudades (Vegara y De las Rivas, 2004).

1.2.6. Conclusiones

Siguiendo a Castells y Halls (1994), puede concluirse que no existe una única fórmula para el desarrollo exitoso de una implantación tecnológica, pero sí pueden establecerse varios puntos comunes:

a) Los entornos más propicios para el desarrollo de un polo de innovación son las grandes ciudades metropolitanas, por su masa crítica y su conectividad internacional.
b) Hay tres objetivos que impulsan la implantación una Tecnópolis: la reindustrialización, el desarrollo regional y la creación de un “medio innovador”. Estos objetivos estarán presentes en diferente medida en cada caso concreto, incluso pueden ser excluyentes, por lo que es necesario optar por uno como pilar central.
c) Es necesario un fuerte impulso de la Administración, como financiador, cliente o investigador, pero sobre todo como planificador, estableciendo las bases para el surgimiento de la iniciativa privada y la competencia.
d) El papel de las universidades es decisivo, en cuatro frentes:
• La generación de conocimiento, orientándolas a la investigación.
• La formación de la mano de obra.
• Con una posición empresarial, fomentando el proceso de creación de spin-off a partir de investigaciones universitarias y permitiendo la compatibilidad de la actividad docente con la gestión y la investigación en estas empresas.
• La aspiración a tener fuertes lazos con la industria y el comercio, para poder actuar como correa de transmisión de la innovación.
e) Es necesario un fuerte apoyo financiero, que en este sector se caracteriza normalmente por un perfil de capital riesgo.
f) Es necesario construir redes sociales y una cultura empresarial en la zona de influencia para que las sinergias tengan lugar. No es suficiente con el desarrollo inmobiliario.
g) Estas redes sociales deben impulsarse, fomentarse, desde el mismo nacimiento de la idea, no esperar a las etapas del desarrollo inmobiliario.
h) Es imprescindible establecer vínculos duraderos entre los investigadores universitarios y la industria, formales e informales.
i) Las Administraciones y las Universidades deben establecer las líneas de investigación, las tecnologías y las industrias prioritarias, los motores.
j) Hay que ser conscientes de que se trata de inversiones a largo plazo: el éxito de estas implantaciones sólo se puede apreciar a muy largo plazo, ya que no sólo la ocupación de los espacios es lenta, sino que no se crean sinergias hasta después de alcanzarse una masa crítica de empresas. Además, el período de consolidación de equipos de investigación puede exceder de los diez años (Ondategui 2001).
k) Dado que estos plazos superan tanto el largo plazo empresarial como el ciclo político, las presiones –políticas e inmobiliarias- para rentabilizar la inversión en plazo de cuatro o cinco años, serán muy fuertes, pero “no debería permitirse que un parque tecnológico, por ejemplo, degenerara en un mero parque de oficinas por el simple hecho de la viabilidad de los beneficios especulativos. La protección de la integridad del proyecto debe ser la primer responsabilidad de la política del estado” (Castells et al. pg.: 348).
l) Junto a los medios innovadores estudiados, surge un sexto con peso propio, las grandes corporaciones, que han asumido el liderazgo global en I+D+i (Ondategui 2001).
m) Aunque no se logre la generación de verdaderos polos de innovación sino una mera concentración de empresas, intentarlo merece la pena: “las plantas filiales son mejor que nada” (Castells et al. pg.: 346).

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