Ejecuciones hipotecarias.Los problemas con tu banco, ahora tienen solución.

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Una de las premisas básicas para alcanzar un acuerdo es que todas las partes tengan algo que ganar con el acuerdo y algo que perder con la falta de transacción. Aplicado lo anterior a los procedimientos de ejecuciones hipotecarias por impago de hipoteca, es realmente sorprendente cómo han cambiado las cosas en los últimos años, principalmente por impulsos llegados desde la Unión Europea, y más concretamente, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea con sede en Luxemburgo.

Hasta hace pocos años, cuando alguien tenía problemas para pagar su hipoteca, su banco tenía vía libre para reclamar la totalidad de la deuda con solo un recibo mensual impagado. Daba igual que el hipotecado llevara años pagando religiosamente la cuota mensual… no había segundas oportunidades ni decretos gubernamentales que paralizaran algunos meses la ejecución hipotecaria mientras las partes analizaban qué podían hacer para llegar a un acuerdo (sí, este último comentario va con segundas… y, si se quiere, hasta con mala leche).

A las primeras reclamaciones telefónicas le seguía un burofax conminatorio y, en pocas semanas, la notificación del inicio de proceso judicial de ejecución hipotecaria. Para que el banco no perdiera ni un segundo ni una garantía de cobro, la Ley de Enjuiciamiento Civil creaba un procedimiento de ejecución de bienes hipotecados de rápida tramitación y, sobre todo, de muy pocas -por no decir ninguna- oportunidades para el hipotecado para oponerse. Por si ello fuera poco, cualquier Ley (léase, por ejemplo, la Ley Concursal) que pudiera restar supremacía a la hipoteca sobre otras deudas, era aprobada o modificada para que permitiera que el banco siempre tuviera preferencia de cobro.

¿Cómo iba a negociar el banco si la Ley estaba de su parte? ¿Qué sacaba el banco del acuerdo? Nada; era más sencillo seguir con las ejecuciones hipotecarias.

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Y así, con esos mimbres, con mayor o menor resignación, todos aceptamos que poco se podía hacer cuando las cosas venían mal dadas y no había dinero para pagar la hipoteca. Poco podíamos hacer mientras el banco embargaba nuestra vivienda, la sacaba a pública subasta, se la adjudicaba en muchos casos por un importe ridículo -con la posibilidad de vender posteriormente la vivienda a un precio real de mercado cuando así le conviniere- y, lo que es más sangrante, seguíamos debiendo un auténtico dineral al banco.

Es decir, el banco, con la autoridad que le concedía el rodillo de las ejecuciones hipotecarias, se quedaba con el dinero, con la casa y con el hipotecado como deudor para el resto de sus días. Raro es quien ha pasado por este calvario y no ha visto afectadas las restantes facetas de su vida… personal, profesional, sentimental, etc. En esa tesitura, cuando un cliente nos llegaba al despacho con una demanda de ejecución hipotecaria, honestamente le recomendábamos no gastar dinero en abogados   -poco podíamos hacer- sino rezar lo que supiera y confiarse a la providencia divina.

Sea como fuere, casi como por arte de magia -porque desde luego, el legislador español; el Gobierno para que nos entendamos, no tenía pensado mover ni un dedo en aras de la sacrosanta estabilidad financiera y bancaria del país- comenzaron a llegar sentencias de Europa que ponían de manifiesto su sorpresa por cómo tratábamos en España a los deudores hipotecarios que tenían algún resbalón.

Y en esto llegó el Tribunal de Justicia de la Unión Europea y dijo, con su famosa sentencia del caso Aziz, que el juez podía suspender una ejecución hipotecaria y examinar las cláusulas de la hipoteca para determinar si son abusivas y, en su caso, anularlas. ¿Abusivas? ¿Cómo iban a ser abusivas unas cláusulas que se habían firmado con un banco, delante de un notario y el visto bueno del registro de la propiedad? Pues va a ser que sí lo eran.

Resulta que en 1993 se aprobó una directiva europea sobre cláusulas abusivas en contratos celebrados con consumidores que, en resumidas cuentas, venía a decir que hay que proteger al consumidor de los abusos de las grandes empresas. Y que, si había alguna cláusula que se había impuesto al consumidor y creaba desequilibrio a favor de la empresa y en contra del consumidor, debía anularse y tenerse por no puesta. Lógico, ¿verdad?

Y después llegó el Tribunal Supremo español y dijo que las cláusulas suelo adolecían de ese vicio de nulidad y que debía devolverse el dinero cobrado indebidamente por los bancos… todo el dinero; no sólo desde 2013, le corrigió el tribunal europeo.

Y después llegó la nulidad de la cláusula de vencimiento anticipado, y la de redondeo, y la de gastos de formalización de hipoteca, y la de imposición de seguro, y la de gastos por descubierto… y así, un largo etcétera. Ahora los abogados expertos en derecho bancario e hipotecas sí disponemos de herramientas para defender al consumidor hipotecado frente a las ejecuciones hipotecarias y los abusos de los bancos.

Los problemas con los bancos ahora sí tienen solución, ya que la Ley permite a los abogados de los hipotecados plantear ante el juez oposición por existencia de cláusulas abusivas, que paralizan el mencionado rodillo y permiten analizar si las cláusulas utilizadas por el banco son nulas por abusivas.

Si tu banco te ha presentado una demanda de ejecución hipotecaria, ahora puede ponerle freno y defenderte. Si estás interesado en que te asesoremos, déjanos aquí tus datos.

Dpto. de Derecho Bancario. Cañizares Abogados.

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