Cláusulas abusivas en los préstamos hipotecarios y contratos bancarios

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Resulta difícil cruzarse con alguien que no haya firmado alguna vez un contrato bancario o incluso un préstamo hipotecario, ya que de una u otra forma, todos tenemos un banco “de confianza”, si bien tomamos como cierto que de alguna forma, ni somos libres para negociar con él ni tenemos posibilidad alguna de escapar a posibles abusos de los bancos.

En cierto modo, todos hemos asumido que “el banco siempre gana”. Y a decir verdad, las recientes sentencias tanto de los Tribunales españoles como los europeos están dando la razón a las asociaciones de consumidores -y a la propia conciencia colectiva- que durante tantos años han denunciado las cláusulas abusivas de los contratos bancarios.

Tomando como referencia la Sentencia del Tribunal Supremo de 16 de diciembre de 2009, existen varias cláusulas habituales en los contratos bancarios que han sido consideradas nulas. A saber:

La citada sentencia declaró nula la cláusula mediante la que la entidad bancaria puede decidir el vencimiento anticipado del préstamo cuando se produzca el embargo de bienes del prestatario o resulte disminuida la solvencia por cualquier causa, Y ello por cuanto en la práctica, se deja en manos de la entidad bancaria la posibilidad de resolver anticipadamente el contrato y de esta forma poder reclamar la totalidad del importe prestado antes de que llegue su vencimiento.

De igual forma, se declaró nula la cláusula que prohíbe arrendar la vivienda hipotecada sin mayores explicaciones ya que nuevamente deja en manos del banco la toma de decisiones sin que exista igualdad o motivación de la cláusula.

También se consideró nula la cláusula por la que, en caso de cesión del préstamo por la entidad, el prestatario renuncia expresamente al derecho de notificación que le asiste. Y ello es así por cuanto se le está impidiendo que pueda beneficiarse de la posibilidad de liberarse de su deuda frente al acreedor antes de que este la transmita, o del derecho a oponerse a la compensación del crédito.

Así mismo, la cláusula que permitía al banco compensar el crédito con saldo a favor del deudor, alcanzando a clientes que no tienen deudas con ella en caso de cotitularidad de cuentas resultó igualmente declarada nula siempre y cuando no se redacte en términos comprensibles, para que el resto de los titulares de las cuentas puedan conocer y aceptar el pago que se realice.

Finalmente, la cláusula de redondeo al alza del tipo de interés se declaró nula por considerar que implica el cobro de servicios no prestados realmente.

Como decimos, todas esas cláusulas han venido siendo habitualmente aceptadas sin que en modo alguno existiera posibilidad de negociación por el consumidor. Afortunadamente, las cláusulas abusivas que hemos mencionado ya pueden ser denunciadas ante un tribunal y, muy posiblemente, serán declaradas nulas.

Tan grave resulta la situación -silenciada hasta la fecha- que la mismísima Unión Europea está estudiando una nueva Directiva Comunitaria para regular los créditos hipotecarios con el fin de mejorar la protección de los deudores y la eliminación de cláusulas abusivas en la compra de inmuebles.

El texto pretende mejorar varios aspectos como son: La información al consumidor y eliminación de publicidad engañosa; La prohibición expresa de vincular los préstamos a otros productos financieros; Mayor flexibilidad para la amortización de la deuda sin comisiones excesivas; mejora de la legislación sobre demoras y desahucios y finalmente la prohibición de los préstamos irresponsables.

Parece pues que ante los desmanes de los bancos y la permisividad de los políticos españoles, han tenido que ser los Tribunales y la propia Unión Europea la que ponga coto a tanto exceso.

Habrá que esperar para que se concreten todas estas medidas, si bien la conciencia colectiva ya es consciente de que estamos entrando en una nueva época que condicionará nuestras relaciones con los bancos….o eso esperamos.

Sin perjuicio de todo lo anterior, recomendamos encarecidamente el asesoramiento profesional a los efectos tener siempre la máxima información posible antes de tomar una decisión; máxime si se trata de temas complejos como son los contratos bancarios.

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